Mostrando entradas con la etiqueta relato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relato. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de mayo de 2011

Como los hombres

Nunca se le dió muy bien eso de caminar erguido... Toda aquel que le rodeaba y que tenía más de treinta años se lo recordaba constantemente. "Hay que caminar con la espalda recta y mirando al horizonte... Así caminan los hombres". En fin, él todavia no habia decidido si quería ser un hombre y empezaba a luchar contra una naturaleza que el azar le habia impuesto. Nadie podía entender que mirando al suelo aseguraba cada paso y no dar ni uno en falso era muy importante en la época que le habia tocado vivir.
Se sentía bien entre mujeres, de oyente invisible en aquellas charlas donde las picardías volaban como dientes de león, de un lado a otro.
Sus silencios le acompañaban, cuando uno abre la boca puede dejar salir cualquier cosa y su secreto debía permanecer escondido.
Los ojos le escocían algo, mezclas de sudor, colonia barata y rimmel habian rodeado sus pestañas provocándole un leve y falso llanto. El tacto de su boa de plumas en el cuello, el sonido de la música y los aplausos que se oían más allá de su camerino le habian puesto la carne de gallina. Trece escalones debía bajar con sus zapatos de plataforma y tenía la determinación de hacerlo mirando hacia el horizonte, con la espalda recta, como le dijeron que caminaban los hombres, con el orgullo de poder ser quién es por primera vez. Sin nada que ocultar y sin nada que perder.

viernes, 15 de abril de 2011

Mandarinas

Cuando era niño, recuerdo que después de una aburrida comida a base de odiosas verduras llegaba la hora del postre. Mi sonrisa y mi felicidad eran plenas cuando mi madre me acercaba un par de mandarinas, anarajandas y rugosas. Era un placer clavar los dedos en su piel y sentir como emanaba su esencia hasta mi nariz, activando mis papilas y acrecentando las ganas de sentir su armonia entre dulce y ácida haciendo un concierto en mi boca. Debo decir que era incapaz de tragarme la piel, así que después de chupar cada gajo y dejarlo sin el más mínimo recuerdo de zumo, lo dejaba desecado encima de los otros que habían caido antes. Parecían cadaveres amontonados desangrados por un vampiro sediento. Durante toda la tarde me olían las manos a mandarina.
No sé muy bien cuando pasó exactamente, ni porqué, pero un día, siendo yo todavia un enano, sentí el aroma de una mandarina que perseguía al cuerpo incipiente de una chica. Creo que aquella fué la primera vez que me enamoré. Desde entonces siempre que el aire que remueve el caminar de una mujer me trae olor a mandarina, pienso en el placer de clavar los dedos en su piel y sentir su esencia impregnando mis sentidos.

miércoles, 13 de abril de 2011

Juegos de manos

Nunca me gustó ir sólo al cine. Siempre me parece que la taquillera me mira raro cuando le digo que sólo una entrada, por favor. No compro palomitas, así me ahorro también que me juzguen las chicas del mostrador. La verdad es que una vez que entro y empieza la película suelo olvidarme de todo, apenas soy capaz de distinguir si hay alguién a mi lado o no. Aquel día iba a ver "Lucia y el sexo", y como gran admirador de Medem que soy estaba deseando deleitarme con imágenes llenas de poesía. La sala estaba vacía y quedaban dos minutos para el comienzo. No era la primera vez que veía una película yo sólo en una sala de cine enorme. Mis gustos cinéfilos me suelen llevar a películas muy minoritarias. Se apagaron las luces y comenzaron los trailes. Un silueta apareció por la puerta de entrada, por la forma de andar parecía una chica. Reparó en mi presencia y vino a sentarse justo a mi lado. "Vaya con toda la sala libre y la simpática taquillera no se le ocurre otra cosa que darle un entrada al lado de la mía"
Comenzó la película. Imágenes saturadas de luz azulada en la pantalla, y los personajes estaban en una isla... Cuerpos, caricias, sensualidad desbordaba que impregnaba cada fotograma. Todas las imagenes medidas, las sensaciones a flor de piel... Sentí como su pierna chocaba con la mía. Una falda, que de pie debia cubrirle las rodillas, dejaba ver un medio muslo. "¿Y si le toco?", pensé... Disimulé, intentando arrascarme la pantorilla y sentí como su piel se erizaba con el leve contacto. "He sido o yo, o que el aire acondicionado esta demasiado fuerte". Volví a intentarlo esta vez sin disimulo y ella no dió ninguna muestra de disgusto. Más atrevido aún, coloqué mi mano sobre su rodilla a lo que ella respondió colocando la suya sobre la mía. Mis dedos jugaban recorriendo la parte interior de sus muslos y ella repetía mi movimiento como si de una imagen especular se tratara. Mis ojos no se apartaban de la pantalla, no puedo decir que los suyos hiciesen lo mismo, pero algo me decía que si. Las yemas de mis dedos llegaron hasta el suave encaje de su ropa interior y se movieron como si dibujaran las ondas que lo componían. Ella con asombrosa habilidad desabrochó con una mano los botones de mi pantalón. Yo correspondí bajando sus bragas, mientras ella se incorporaba un poco para ayudarme en mi maniobra.
Sentí la suavidad de su vello, y la facilidad con la que mi mano se deslizaba evidenciaba su excitación. Acompasamos movimientos, mi mano en ella, su mano sobre mi. La cadencia del péndulo de un metrónomo, en una sinfonia marcada por las imágenes de la pantalla. De cuentos con ventajas hablaban con la voz profunda y ligeramente nasal de Tristán Ulloa... De ventajas de cuento que nos repartíamos entre dos perfectos desconocidos, con los cuerpos algo arqueados por el placer y la inminencia del climax... Como toda sinfonía, el cenit de esta llegó con toda la instrumentación sonando al tiempo, voces entrecortadas y sonidos que recordaban a un paseo a la orilla del mar... Títulos de crédito. Ella se subió la ropa interior y salió antes de que encendieran las luces...